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El harén en Occidente
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Este libro de Raimon Panikkar y Milena Carrara no es el tipo de ensayo filosófico a qué Panikkar tiene acostumbrados sus lectores. El libro es más bien una obra ecléctica que va desde la narración de viaje hasta la autobiografía intel•lectual o espiritual de Panikkar, haciendo camino a la vez por el camino iniciático de Carrara en la espiritualidad de cariz hindú. Es decir, el lector se encontrará ante un conglomerado de temas que, básicamente, encuentran su unidad como obra en su vinculación en el viaje físico al Kailasa y espiritual hacia el centro de un mismo, tal y como se subtitula la obra. En cuanto al viaje físico al Kailasa, es una narración atrayente, planera y a ratos bastante emotiva. Ahora bien, cuando el objeto de la narración se desplaza en el plan filosófico crece en complejidad, en dificultad conceptual y se hace francamente interesante. Es en este plan de la narración donde podemos encontrar los habituales conceptos que acuña Panikkar en sus libros, como por ejemplo el ecosofia y lo cosmoteandrisme, referencias eruditas a la cultura occidental (St. Joan, Tomás de Aquino, Platón, Aristóteles, Mestre Eckhart...) y oriental (Vedas, Upanishads, Bhagavad Gita...), pero ni uno de nuevo, porque, de hecho, no es un ensayo para ampliar su espacio conceptual, sino para vivir todo aquello ya teorizado y mostrarlo en el lector como una posibilidad de vida, como una manera de ser en el mundo. Podríamos decir, pues, que el placer sencillo del comienzo del libro se desvaneciendo o transmutant a medida que vayamos entrando en la comunicación de la vivencia espiritual que provoca el viaje y el posterior receso de Varanasi, en India. Hay que destacar del libro que buena parte está escrito por Carrara, o al menos es su punto de vista el que se presenta. El material que nos ofrece la obra es en buena parte su camino iniciático, su desarrollo o transformación espiritual hasta llegar el momento en que conoce Raimon Panikkar. A partir de aquí el que se nos narra es cómo Carrara se acaba convirtiendo en discípula de Panikkar, a la más pura manera de los Upanishads, y como este relación maestro-alumna encuentra un de sus puntos álgida en el viaje al Kailasa y en la posterior redacción de la obra en cuestión.
Uno de los elementos que hacen el libro merecedor de la lectura es la interesantísima figura que se nos presenta de Panikkar. El pensador de Tavertet, que siempre había estado discreto en cuanto a su vida personal, que no intel•lectual, se nos aparece aquí como hombre. Lejos de ser un gurú como alguien podría pensar, Panikkar nos muestra su faceta más humana y conocemos muchos detalles biográficos. Todo el mundo quien esté interesado al saber más de Panikkar como persona, puede encontrar en esta libro una buena fuente. Ahora bien, como en toda obra textual hay que ir en cuenta puesto que en realidad el que se nos presenta es un personaje, una visión parcial de la persona real y, de hecho, el propio Panikkar, consciente de la lectura que se puede hacer del libro lo advierte al lector, a quien se dirige, sutil como de costumbre, para advertirlo de la parcialidad de la visión que ofrece la escritora italiana y él mismo al #hacer autoficció, y le hace notar que también Shiva tenía avatares.
Este Panikkar literaturitzat, liberado, se podrá permitir el lujo de explicar nada más y nada menos cuál es el sentido de la vida para él. Ahora bien, la manera como lo hará el filósofo de Tavertet no será directa, clara y sistemática, la temática no se presta y Panikkar, que lo sabe bastante bien, empleará un método propio de las Upanishads: a la Taittiriya Upanishad, por ejemplo, el maestro da vueltas para definir el que le piden, pero la respuesta no es nunca el que dice sino el que calla. Adivinando el que calla el maestro es como el alumno comprende la lección. Igualmente, adivinando qué calla Panikkar Carrarà sabe el que le quiere dir. La identificación en este caso entre Carrara y el lector, que también se acerca a la obra por saber, es inmediata, si bien dudo que el que ella pueda adivinar y el que pueda adivinar el lector —con un horizonte de expectativas, para emplear la terminología de Jauss, tanto diferente— sea el mismo, o al menos la profundidad sea igual. En todo caso nos tenemos que dar cuenta que Panikkar cree que la verdad, en mayúscula, se puede capir, pero escapa a su determinación por la palabra, igual que pensaba el Maestro Eckhart y varios místicos y pensadores medieval como Nicolau de Cusa, de quien recuerdo a Panikkar alabándolo por haber pronunciado la sentencia: “adoro porque ignoro”. La verdad, pues, según Panikkar se tiene que capir espiritualmente y entonces pasar por el filtro de la racionalidad, se tiene que someter a su crítica en sentido kantiano, pero la verdad nunca se reducirá a la palabra, puesto que el infinito, por definición, no se puede reducir al finito. El importante para el pensador es la relación que se establece entre finito e infinito. En definitiva, podemos decir que bajo la apariencia de una ligero libro de viaje Panikkar presenta de una forma muy oriental, aparentemente sencilla pero en realidad muy compleja y profunda, su espiritualidad, sus creencias, aquello que ha comprendido sin entender y que entonces ha racionalizado en parte, cosa que le impide de presentarlo racionalmente en su totalidad en cuanto que la razón es solo una parte del que él sabe. Aunque quisiera Panikkar no puede decir, sus estructuras trascendentals, cognitivas, se lo impiden.
El libro fenecerá tal y como se ha iniciado, con una narración planera sobre una experiencia iniciática de Carrara. Un final redondo, que converge muy bien con el principio y que refuerza la idea que la obra es como una ventana que se nos ha abierto en la vida Panikkar y Carrara y que podemos aprovechar por, mediante la analogía, entender mejor elementos de nuestra propia existencia: la investigación del sentido, las penas que nos afligen, el desánimo, la espiritualidad como dimensión necesaria... ante la riqueza de la vida o las vidas que se nos presentan, la observación-lectura merece la pena, y será muy provechosa por aquellos que quieran empezar a andar por la estrella intel•lectual que nos ha dejado un grande pensador del siglo XXI como ha estado Panikkar. Por el que ya conozcan abastecimiento su obra, el libro aportará más bien anécdotas que humanizan el hombre Panikkar y a la vez fruiran de escenas que lo posan en el papel de maestro, de maestro oriental, enigmático e inquietante, máscara que cuando empleaba en vida era objeto de gran fruición por parte de sus admiradores, pero también objeto de crítica por parte de aquellos que, según mi punto de vista, no lo querían entender.
Valga este escrito como homenaje sincero para un hombre que he admirado.
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