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El món d'Homer

ensayo

El món d'Homer

Autor del libro:
Pierre Vidal-Naquet
Autoría de la reseña:
Joan Trabal
Actualizado:
246.088 visitas← Todos los libros

Sinopsis

Vidal-Naquet nos acerca al misterio de Homero. Traza la geografía de sus campos de batalla y sus viajes, y muestra cómo la poesía homérica anticipa las primeras formas de la sociedad democrática. Explora las relaciones entre ciudadanos libres y esclavos, entre griegos y bárbaros, y entre seres humanos y dioses.

Reseña

El mundo de Homero de Pierre Vidal-Naquet es un pequeño ensayo delicioso que contribuye a generar pasión por la lectura de Homero explicando las claves de su mundo, o al menos aquello que su autor considera relevando de saber del universo homérico. La finalidad del libro no es otra que poder disfrutar todavía más de la lectura del gran poeta griego, seguramente por eso se estructura en capítulos cortos y con un lenguaje planer. Estamos ante una obreta de poco más de ciento páginas, todas ellas interesantes y de buen leer, no ante un estudio académico sobre el tema, si bien su autor, hombre de extensos conocimientos también ha editado de este estilo. El resultado es que Vidal-Naquet sale bien a provocar la sed de la lectura homérica, un afán que una vez engendrada no se puede saciar sino a través del contacto directo con la obra de Homero, puesto que Vidal-Naquet, si bien da vueltas, entra y sale, explica fragmentos, a veces nos ofrenda el argumento, pero en ningún momento no quiere ser sustituto de una lectura exhaustiva de los dos grande poemas homéricos. Su obra se puede leer a modo de introducción o para profundizar mejor en determinados aspectos del mundo griego antiguo y su mitología, pero es un obra consciente de ser gregaria, y exhibe las mejores calidades. Así, Vidal-Naquet nos habla de cómo están escritos el poemas homéricos (sin entrar en cuestiones demasiado complejas de métrica), de la historia y la geografía de la Grecia del primero mil•lenni antes de Cristo (sobre todo de si se pueden localizar lugares como Troya, Itaca, la Isla de los Lestrígons o la de Circe, Escila•la y Caribdis...), de los códigos guerreros que permite interpretar la Ilíada (por qué Hèctor no rehuye Aquil•las? Qué sentido tiene la bella muerte por un guerrero?), de las relaciones entre hombres y dioses (tan presente a las dos obras homéricas que su intervención es decisiva para el viaje de Ulises), las relaciones sociales (con la aristocracia y la tiranía como fuentes de reflexión para el mundo moderno) , el papel de las mujeres tanto a la ficción como la realidad (no hay que olvidar que la dicotomía Penèlope-Clitemnestra, o el que es el mismo, fidelidad-infedilitat ha marcado el imaginario de Occidente así como la idea de mujer fatal que encarna Hel•lena), o el papel de los aedes, los recitadores. En resumen, un conjunto abigarrado de temas que hacen dentetes y provocan un deseo de lectura, un deseo de #sumergir en el mundo de la Grecia arcaica, un universo mítico que ha dejado un fuerte impronta en la cultura occidental.
Todo esto, pero, nos acaba llevando a la pregunta ineludible: por qué tenemos que leer Homero? De entrada la primera respuesta que me viene a la mente es que las epopeyas homéricas son unas aventuras extraordinarias, la lectura de las cuales se aguanta por sí misma solo en vistas del goce que produce. No va estamos ante unas aventuras fascinantes, trepidantes, que además nos hablan bellamente (por primera vez al que será la cultura Occidental) de valor, de superación, de amor, de pasión, pero también de emociones como la cólera (no podemos olvidar que es la cólera de Aquil•las el que canta la Ilíada), el odio, el sacrificio, la confianza en los dioses, la súplica, el miedo... pasiones muy humanas que nos hacen sentir reconocidos en la obra. En definitiva, Eros y Thanatos, la pareja infernal y universal que impregna nuestras vidas. Por otro lado, el caso de Homero es una lectura que posee un valor añadido, un valor histórico, el de leer un texto que sabemos que ha dejado petja en nuestra cultura en forma de lectura y recitación repetida a lo largo de más de dos mil quinientos años. Sin embargo, es una historia que sabemos que ha fascinado además de doscientas generaciones de hombres y mujeres que han vivido antes de que nosotros. Ahora bien, el criterio de la cantidad no siempre es un buen raser para mesurar la posible calidad de una obra de arte (sino fijamos la vista en los infectas best-sellers que se vienen a puñados en los supermercados), pero en este caso es una cantidad modulada por la pervivencia en el tiempo, cosa que le confiere un carácter diferente, puesto que muy probablemente al qué nos tendríamos que referir en este caso no es a la cantidad de gente que ha leído la historia sino a lasu pervivencia de esta en el tiempo que ha resultado en cantidad de hombres y mujeres que han vivido con Ulises, Aquil•las, Hèctor, Agamenón, Hel•lena, Andròmaca, Circe, Calipso, Polifemo, Penèlope, Telèmac, con la deliciosa Nausica y, como no, con Argos el perro de Ulises. Pero incluso más allá de este criterio cuantitativo podemos hablar de la petja que estos poemas han dejado a nuestra cultura, y no solo en nuestro derrochado mundo actual, sino también en las etapas previas de nuestra historia, en estos capítulos que nos han llevado a esta resolución provisional de una cultura que es nuestro tiempo. En la edad mediana, por ejemplo, lo Permanece de Troie o lo Permanece de Eneas eran obras muy presentes en el imaginario de la clase social noble, y Hèctor, Aquil•las y Eneas, sus protagonistas, eran modelos para los caballeros. Hoy en día, la petja de la sociedad heroica ha ido disminuyendo en la medida que los “valores” de la guerra se han ido superando (porque están superados oi?), pero todavía ahora podemos decir que algunos elementos presentes en el imaginario de esta sociedad nos impregnan, como por ejemplo las concepciones de la mujer, unas ideas extrañamente misóginas que afanamos en superar pero que cada víctima de la violencia de género nos recuerda que la igualdad es todavía un pequeño fracaso como col•lectivitat. Así pues, Homero es y ha estado presente en nuestra cosmovisión. Ahora pero, en este nuestro mundo tan pleno de posibilidades que hace difícil discernir qué son las que merecen la pena y qué son sueños engañosos de un demiurgo embustero, Homero es cuestionado porque su lectura parece difícil, y el esfuerzo es una cosa que se posa en entredicho en todos los ámbitos, pero sobre todo cuando se trata de obtener placer. El placer, este dios tan intensamente deseado como capriciós, se ha entendido como una fuente que tiene que manar siempre y sin posar nada de nuestra parte, se ha encumbrado el dios Dionisio a la calidad de sátrapa dictador omnipresente, y se ha perdido la idiosincrasia del placer que Epicuro adoraba: el alto placer fruto de la sofisticación, o sea del trabajo, del análisis paciente, de la elige de aquello que es realmente valioso. Hoy en día pocos palabras han perdido tanto su sentido original como “epicureísmo”. Con esta acción, pero, el hombre moderno ha perdido el dominio que ejerce el sujeto sobre la suya elige, el poder de invocar el dios cuando proceda al ritual. Así pues, soy del parecer que hoy se degrada el placer, se lo hace rudo y, con esto, se rebaja la cultura entendida como manera de vivir el mundo. Esta banalización, cuando nos encontramos en una época histórica en que tenemos las posibilidades de no hacerlo (que le pidiéramos esto a un campesino del siglo XIV seguro que no tendría sentido), es como lanzar por la ventana el esfuerzo de mucha gente del pasado, entre ellos nuestros abuelos, que vivieron una guerra. El problema es que, a pesar de todo, Homero y la mitología griega no dejan de ser presentes en nuestro imaginario, seguramente debido a qué es difícilmente eludible la fascinación que ejerce la historia que él narra. Pero el que hace nuestro tiempo con su criterio de inmediatez del placer es empobrecer nuestra cultura reimaginant-la siguiendo criterios de abaratamiento, siempre con la noble intención de obtener dinero ofreciendo productos de consumo rápido. Aquil•las puede tener por muchas generaciones la cara de Brat Pitt, y probablemente Heracles, o Hércules, será un dibujo animado de Walt Disney. Si bien estos productos (y digo productos con todo el peso semántico que el capitalismo impone) no están nada mal para pasar una tarde agradecida (yo he fruït como un loco con la Troya de Hollywood) tendrían que ser puertas de entrada y no etapas finales, si no queremos caer en este abaratamiento de la tradición. Por otro lado, libros como los de Vidal-Naquet o la reciente traducción de la Odisea de Joan Francesc Mira son reivindicaciones, invitaciones, ha ir más allá de los productos fáciles, del placer inmediato pero degradado, y entrar de pleno en la profundidad y complejidad de una cultura y, a la vez, son reivindicaciones del placer elaborado, el que se obtiene por perseverancia y esfuerzo, casi a la manera de la sublimación trobadoresca. La lectura de los clásicos griegos como Homero, pero también Esquilo, Eurípides, Sófocles, Aristófanes, o Hesíodo entre otros, es insustituible, y lo es porque no solo nos hace disfrutar, también nos ayuda a saber cómo somos, como hombres y como occidentales, y solo la conciencia crítica nos permitirá cambiar aquello que no funciona, evitar las muertes por género y avanzar, de la mano de la aventura, el drama la tragedia y la epopeya, cabe algún lugar que mejore el presente. Que suficiente falta le hace.

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