Arturo Pérez Reverte es un escritor que es de muy buen leer, sus libros son ágiles, con historias que atrapan, muy escritos, con estilo y unos personajes que como dice Jaume Cabré te importa saber qué los pasará. Este es exactamente el caso del club Dumas donde Pérez Reverte ofrece una historia sobre libros antiguos, algunos valiosos, algunos tan oscuros que merece la pena matar para conocer el contenido, pero en todo caso un relato que se hace interesando desde la primera página y trepidando a medida que avanza el libro. Buena parte del mérito es debido al abanico de personajes extremadamente muy trazados que aparece, y al toque de lucidez vital, de ironía vital, de hecho, tan propio de Pérez Reverte, que tiene el personaje principal Lucas Corso, un cazador de libros antiguos que ha sufrido mucho, ha visto mucho y está de vuelta de muchas cosas. Pero el que hace que el libro sea tan atractivo no es solo este definición de los personajes, o la historia apasionante que viven, sino también la trama paral•lela que aparece, en la cual el que se ensaya es una definición de la literatura y el lector. Y es que el libro es a la vez un magnífico a el•legat de cómo tiene que ser la literatura, de cuáles son sus puntales y de qué papel juega el lector en todo esto. Estos elementos —que serían perfectamente tema de ensayo— se encuentran en el libro forma duna segunda trama vinculada directamente a la obra de Alexandre Dumas, una trama que se embranca con la principal —relacionada con un libro que contiene un conjuro para abrir las puertas del infierno— y acaba conformando una sola historia que permite a los personajes —uno de ellos afamat crítico literario— mostrar sus reflexiones sobre la literatura. Y esta tarea se lleva a cabo mediante la confusión de los personajes de los libro con personajes de las novel•las de Dumas, de forma que hay una identificación entre las dos tramas que hace que el lector sospeche que Rochefort, Richelieu o Milady de Winter se encuentran dentro de la novel•la de Pérez Reverte. Finalmente el autor lo aclara todo gracias a que un personaje le explica a otro que la cuestión ha sido un exceso de’intertextualitat! Extraordinario el recurso! No se trata que haya habido un error, en términos de verosimilitud real, sino que el que pasa es que hay un error literario en la interpretación que el personaje hace de los hechos, su exceso de lecturas (que desde el Quijote ya sabemos que seca el cerebro) lo ha llevado a un exceso de intertextualitat que le ha hecho daño interpretar el que sucedía. La trama pero, no acaba aquí, y Pérez Reverte, a pesar de que nos da la clave hermenéutica del libro, nos deja avanzar hasta la resolución de las dos tramas, en un final brillante, está claro.
Toda esta tarea literaria está llevada a cabo mediante un magnífico dominio del tiempo de la narración, del ritmo y de recursos que tan ayudan al lector a saber donde es como confundirlo, hasta que en el momento en que el autor decide dar la clave de interpretación, entonces todo encaja, se hace la luz y se se da cuenta de la magnificencia de la impostura, del porque de las diferentes voces narradoras, o de como el discurrir del protagonista ha confundido el lector. De hecho, es justamente el lector uno de los protagonistas de la historia puesto que, en un excelso uso del lector modelo, Pérez Reverte le hace creer cosas que entonces le desmiente, de forma que provoca un sentimiento (justamente uno de los valores de la literatura, despertar sentimientos!) de “cómo puedo haberme creído esto!”. En palabras suyas:
Fue usted quien llenó miedo su cuenta los espacios en blanco del mismo modo que si esto fuese una novela, La responsabilidad se solo suya, Usted se lo culpable de su exceso de intertextualidad, de conexión entre demasiadas referencia literarias.
Y es que este es el crimen que investiga el libro: el exceso de intertextualitat. Cómo avisa Hans Georg Gadamer cada lector lee desde su horizonte de expectativas y estas expectativas vienen marcadas por sus lecturas anteriores. De aquí que la intertextualitat, la relación con aquello que ya se ha leído, condicione el lector y pueda ser manipulado por un autor genial. Y, de hecho, si alguien no conociera la historia de los tres mosqueteros quizás no interpretaría el libro del mismo modo, pero se me hace difícil encontrar una persona que no conozca una historia que se encuentra profundamente arraigada en el imaginario occidental. Dice Pérez Reverte:
No hay lectoras inocentes. Ante uno texto cada uno aplica su propia perversidad. Un lector se lo que antes ha leído, más el cine y la televisión que ha vista. A la información que le proponía el autor siempre añadirá la suya propia.
Impresionando el ingenio de Pérez Reverte capaz de crear una novel•la a partir de esta reflexión literaria y, sobre todo, inmensa su capacidad porque la novel•la no sea tediosa, sino como él mismo defiende, que a la vez que invita a la reflexión divierta. Sin duda uno de los grandes del panorama literario español, con un corpus literario ya bastante extenso, y algunos artículos que no tienen pérdida. Sin duda un autor que admiro.
Versión en español (Traducida cono Google):
Arturo Pérez Reverte se uno escritor que se de muy buen leer, sus libros su ágiles, cono historias que atrapan, bien escritos, cono estilo y unos personajes que como dice Jaume Cabré te importa saber qué las pasará. Este se exactamente lo caso del club Dumas donde Pérez Reverte en ofrece una historia sobre libros antiguos, algunos valiosos, algunos tan oscuros que vale la pena matar para conocer su contenido, pero en todo caso uno relato que se hace interesante desde la primera página y trepidante a medida que avanza lo libro. Buena parte del mérito se debido al abanico de personajes extremadamente bien trazados que aparece, y al toco de lucidez vital, de ironía vital, de hecho, tan propio de Pérez Reverte, que tiene lo personaje principal Lucas Corso, un cazador de libros antiguos que ha sufrido mucho, ha visto mucho y está de vuelta de muchas cosas. Pero lo que hace que el libro sea tan atractivo no se sólo ese definición de los personajes, o la historia apasionante que viven, sino también la trama paralela que aparece, en la que lo que se ensaya se una definición de la literatura y el lector. Y se que el libro se a la vez uno magnífico alegato de cómo debe ser la literatura, de cuáles sueño sus puntales y qué papel juega el lector en todo esto. Estos elementos -que serían perfectamente tema de ensayo- se encuentran en el libro en forma de una segunda trama vinculada directamente a la obra de Alejandro Dumas, una trama que se enfrasca cono la principal -relacionada cono un libro que contiene uno conjuro para abrir las puertas del infierno- y termina conformando una suela historia que permite a los personajes -uno de ellos hambriento crítico literario -mostrar sus reflexionas sobre la literatura. Y esta tarea se quita a cabo mediante la confusión de los personajes de los libros cono personajes de las novelas de Dumas, de modo que hay una identificación entre las dos tramas que hace que el lector sospeche que Rochefort, Richelieu o Milady de Winter se encuentran dentro de la novela de Pérez Reverte. Finalmente el autor lo aclara todo gracias a que un personaje le explica a otro que la cuestión ha sido uno exceso de intertextualidad! Extraordinario lo recurso! No se trata de que haya habido un error, en términos de verosimilitud real, sino que lo que ocurre se que hay un error literario en la interpretación que el personaje hace de los hechos, su exceso de lecturas (que desde lo Quijote ya sabemos que seca lo cerebro) le ha llevado a un exceso de intertextualidad que le ha hecho daño interpretar lo que sucedía. La trama sin embargo, no termina aquí, y Pérez Reverte, aunque noes da la clavo hermenéutica del libro, noes deja avanzar hasta la resolución de las dos tramas, en un final brillante, claro.
Toda esta labor literaria está quitada a cabo mediante uno magnífico dominio del tiempo de la narración, del ritmo y de recursos que tan ayudan al lector a saber dónde se como confundirlo, hasta que en el momento en que el autor decide dar la clavo de interpretación, entonces todo encaja, se hace la luz y uno se da cuenta de la magnificencia de la impostura, del porqué de las diferentes voces narradoras, o de cómo lo discurrir del protagonista ha confundido al lector. De hecho, se justamente el lector uno de los protagonistas de la historia ya que, en un excelso uso del lector modelo, Pérez Reverte le hace creer cosas que entonces le desmiente, de forma que provoca un sentimiento (justamente uno de los valoras de la literatura, despertar sentimientos!) de "cómo puedo haberme creído eso". En palabras suyas:
Fueusted quien Llena miedo apoyo Deducción los Espacios en blanco del Mismo modo que si esto fuese una novela, La responsabilidad se solo suya, Usted se lo culpable de apoyo excesivo de intertextualidad, de conexión entre demasiadas referencia literarias.
Y se que este se lo crimen que investiga el libro: el exceso de intertextualidad. Como avisa Hans Georg Gadamer cada lector lee desde su horizonte de expectativas y esas expectativas vienen marcadas miedo sus lecturas anteriores. De ahí que la intertextualidad, la relación cono lo que ya se ha leído, condiciono el lector y pueda ser manipulado miedo un autor genial. Y, de hecho, si alguien no conociera la historia de los tres mosqueteros quizás no interpretaría el libro de la misma manera, pero se me hace difícil encontrar una persona que no conozca una historia que se encuentra profundamente arraigada en el imaginario occidental. Dice Pérez Reverte:
No hay lectoras inocentes. Ante uno texto cada uno aplica apoyo propia Perversidad. Un lector se lo que antes ha leído, más el cine y la televisión que ha visto. En la información que le propone el autor siempre añadirá la suya propia.
Impresionante lo ingenio de Pérez Reverte capaz de crear una novela a partir de esta reflexión literaria y, sobre todo, inmensa su capacidad para que la novela no sea tediosa, sino como él mismo defiende, que a la vez que invita a la reflexión divierta. Sin duda uno de los grandes del panorama literario español, cono un corpus literario ya bastante extenso, y algunos artículos que no tienen pérdida. Sin duda un autor que admiro.