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El papiro de Saqqara

novela

El papiro de Saqqara

Autor del libro:
Pauline Gedge
Autoría de la reseña:
Joan Trabal
Actualizado:
252.761 visitas← Todos los libros

Sinopsis

El príncipe Khaemwaset, cuarto hijo de Ramsés el Grande, es rico e influyente. En Egipto lo respetan por sus conocimientos de medicina y magia y lo veneran como un gran erudito y restaurador de monumentos. Pero tiene un deseo secreto: encontrar el misterioso pergamino de Thot, que daría a su poseedor el poder de resucitar a los muertos y entender el lenguaje de todos los seres vivos. Con la excusa de investigar la historia, abre tumbas antiguas en busca de ese tesoro.

Entre las ruinas funerarias de Saqqara descubre, en una tumba intacta, un pergamino cosido a la mano de un cadáver. Lo corta y se lo lleva a casa. Aunque no puede traducirlo, lo lee en voz alta sin entender las palabras. Al día siguiente vislumbra a una mujer extraña que lo fascina y acaba convirtiéndose en una obsesión tan violenta que destruye a su familia y lo degrada. Demasiado tarde comprende que, al pronunciar el hechizo del pergamino, ha liberado un instrumento de venganza del dios Thot por sus profanaciones.

Extraído de la web oficial de la autora.

Reseña

El libro de Pauline Gedge Lo papiro de Saqqara es una novel•la ambientada al antiguo Egipto durante los últimos años de los reinado del faraón Ramsès II. A pesar de que la presencia de este controvertido soberano podría ser un iman que atrajera toda la atención del relato, hay que decir que su figura histórica aparece solo de forma breve, pero eso sí, no bastante breve como para ahorrarle una presentación crítica que lo recrea más como un ególatra que como un gran monarca. Gedge opta, por el contrario, por una de las propuestas típicas del género histórico: la presentación de una época a través de los ojos de personajes ficticios, mientras que los personajes reales y centrales para la historiografía, tienen solo un papel secundario. Un planteamiento que, paradójicamente, quiere dar a conocer datos reales de un tiempo verídico a través de la impostura de la ficción. Sublimes capacidades de la novel•la. La manera como la escritora lleva a cabo esta didáctica, pero, podríamos tildarla de extremadamente perfecto. Es decir, pocas veces conoceremos tan bien la vida cotidiana de una época histórica como leyendo a Gedge, y es que la escritora tiene unos conocimientos enciclopédicos sobre el Egipto antiguo que derrama poco a poco en sus textos. El resultado es que sus libros son una enciclopedia de egiptologia, pero con la virtud que son mucho más amenos que los tratados de esta disciplina, si bien, está claro, menos exhaustivos.
siguiendo la línea argumentativa que he defendido en otros escritos, si la calidad de una novel•la histórica rae en el equilibrio entre el ofrecimiento de datos objetivos –la riqueza del contexto histórico- y la suya ficcionalització –el estilo, la trama o los personajes-, podríamos decir que en este caso un ligero desequilibrio en favor de la vertiente histórica o en términos más literarios, de la descripción en términos naturalistas de la vida cotidiana. Hay que decir, pero, en defensa del libro que aparte de la intención didáctica -las ganas de mostrar Egipto¬¬- esta característica tiene también una razón de ser argumentativa: la trama se basa en la irrupción dentro de la plácida vida cotidiana de una familia noble de unos acontecimientos absolutamente trasbalsadors. Un patrón clásico que pide una cierta dilación del inicio de la trama propiamente dicha. Y aquí justamente rae, en mi opinión, el gran valor de la novel•la, aquello que la hace diferente más allá de la riqueza literaria o el valor del estilo. Gedge no solo presenta la vida de cada día de la nobleza egipcia del imperio nuevo, sino que lo hace #meter dentro de sus propias coordenadas vitales. Es decir, aquello que ellos creían que era real es real en la novel•la. Podríamos posar como ejemplo la presencia de los dioses en la vida cotidiana, el conocimiento de la dilatada historia egipcia que hace que los personajes puedan hablar de su antigor, o el recurso de la magia. Los tres son auténticos motores del libro y encargados de llevar el desenlace y la perfección del dibujo circular de la obra. De este modo Gedge consigue como en pocas novel•las que el lector viva el época y perciba la idiosincrasia. El peligro rae, sin duda, al derivar hacia la novel•la fantástica (y de hecho la mezcla de novel•la histórica y fantástica es un nuevo género que va apareciendo con fuerza con autores de buena pluma como por ejemplo David Camus), pero Gedge, consciente del peligro y del tono que le quiere dar a la obra consigue evitar el peligro y, siempre andando por la extremo peña segado, resuelve magníficamente la obra.
Finalmente, no puedo dejar estas líneas sin mencionar otro de los grandes aciertos de la obra: los personajes. Si la descripción del contexto es perfecto, la des personajes es sublime, tan físicamente como psicológica. Gedge hace un gran uso de los arquetipos como la mujer fatal, o el artífice a la sombra, para conseguir un tono misterioso y muy inquietante, que va en crescendo hasta el final, y que mantiene el lector en el estupor. Con muy habilitado y grandes dosis de maestría de los suspenso, la escritora ayuda el lector a adivinar el que está pasando antes de revelarlo abiertamente en la narración, de forma que el lector se siente horrorizado, inquieto, trastornado pero a la vez continúa fascinado por el personaje femenino que centra todo el misterio. El cinismo de este personaje, consciente de ser el que es –y costa de mencionarlo abiertamente- posa los pelos de punta. Querría comentar los horrores que desvela el final de la obra, pero cualquier otra cosa que se pueda descubriría la verdad y hundiría la magia del libro y la razón de ser del misterio de Saqqara. Por lo tanto, mejor acabar aquí porque, como decía Dumas, aunque sea desde el entusiasmo, si se habla demasiado siempre se acaba diciendo tonterías.



Versión en castellano (traducido miedo Google):

El libro de Pauline Gedge Lo papiro de Saqqara se una novela ambientada en el antiguo Egipto durante los últimos años de los reinado del faraón Ramsés II. Aunque la presencia de este controvertido soberano podría ser un imán que atrajera toda la atención del relato, hay que decir que su figura histórica aparece sólo de forma breve, pero eso sí, no bastante breve como para ahorrarle una presentación crítica que lo recrea más como uno ególatra que como un gran monarca. Gedge opta, en cambio, miedo una de las propuestas típicas del género histórico: la presentación de una época a través de los ojos de personajes ficticios, mientras que los personajes reales y centrales para la historiografía, tienen sólo uno papel secundario. Un planteamiento que, paradójicamente, quiere dar a conocer datos reales de un tiempo verídico a través de la impostura de la ficción. Sublimas capacidades de la novela. La manera como la escritora leva a cabo esta didáctica, sin embargo, podríamos tacharla de extremadamente perfecto. Se decir, pocas algarrobas conoceremos tan bien la vida cotidiana de una época histórica como leyendo a Gedge, y se que la escritora tiene unos conocimientos enciclopédicos sobre el Egipto antiguo que vierte poco a poco en sus textos. El resultado se que sus libros su una enciclopedia de egiptología, pero cono la virtud de que su mucho más amenos que los tratados de esta disciplina, aunque, claro, menos exhaustivos.
 Siguiendo la línea argumentativa que he defendido en otros escritos, si la calidad de una novela histórica radica en el equilibrio entre el ofrecimiento de datos objetivos-la riqueza del contexto histórico-y su ficcionalización-lo estilo, la trama o los personajes-, podríamos decir que en este caso hay un ligero desequilibrio en favor de la vertiente histórica o en términos más literarios, de la descripción en términos naturalistas de la vida cotidiana. Cabe decir, en defensa del libro que parte de la intención didáctica-las ganas de mostrar Egipto ¬ ¬ - esta característica tiene también una razón de ser argumentativa: la trama se basa en la irrupción en la apacible vida cotidiana de una familia noble de unos acontecimientos absolutamente inquietantes. Un patrón clásico que pide una cierta dilación del inicio de la trama propiamente dicha. Y aquí justamente radica, en mí opinión, el gran valor de la novela, lo que la hace diferente más allá de la riqueza literaria o el valor del estilo. Gedge no sólo presenta la vida de cada día de la nobleza egipcia del imperio nuevo, sino que lo hace metiéndose dentro de sus propias coordenadas vitales. Se decir, lo que ellos creían que era real se real en la novela. Podríamos poner como ejemplo la presencia de los dioses en la vida cotidiana, el conocimiento de la dilatada historia egipcia que hace que los personajes puedan hablar de su antigüedad, o lo recurso de la magia. Los tres sueño auténticos motoras del libro y encargados de quitar el desenlace y la perfección del dibujo circular de la obra. De esta manera Gedge consigue como en pocas novelas que el lector viva la época y en perciba la idiosincrasia. El peligro radica, sin duda, al derivar hacia la novela fantástica (y de hecho la mezcla de novela histórica y fantástica se uno nuevo género que va apareciendo cono fuerza cono autoras de buena pluma como David Camus), pero Gedge, consciente del peligro y del tono que le quiere dar a la obra logra evitar el peligro y, siempre caminando miedo lo extremo acantilado, resuelve magníficamente la obra.
Finalmente, no puedo dejar estas líneas sin mencionar otro de los grandes aciertos de la obra: los personajes. Si la descripción del contexto se perfecto, la des personajes se sublime, tanto física como psicológica. Gedge hace un grande uso de los arquetipos como la mujer fatal, o lo artífice en la sombra, para conseguir un tono misterioso y muy inquietante, que en crescendo hasta el final, y que mantiene al lector en el estupor. Cono mucho habilidad y grandes dosis de maestría de los suspense, la escritora ayuda al lector a adivinar lo que está pasando antes de revelarlo abiertamente en la narración, de forma que el lector se siente horrorizado, inquieto, agitado pero a la vez sigue fascinado miedo personaje femenino que centra todo el misterio. El cinismo de este personaje, consciente de ser lo que se-y cuesta mencionarlo abiertamente-pone los pelos de punta. Quisiera comentar los horrores que desvela el final de la obra, pero cualquier otra cosa que se pueda descubriría la verdad y hundiría la magia del libro y la razón de ser del misterio de Saqqara. Miedo tanto, mejor acabar aquí porque, como decía Dumas, aunque sea desde lo entusiasmo, si se habla demasiado siempre se acaba diciendo tonterías.

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